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Las agresiones sexuales a migrantes en Panamá aumentan a un nivel raramente visto fuera de una zona de guerra

La niña venezolana, de 8 años, había dormido mal la noche anterior, lamentándose en sus sueños, según su madre, de los hombres que intentaban matarla.

Días antes, la familia había ingresado al tapón del Darién, la selva entre Colombia y Panamá que en los últimos tres años se ha convertido en una de las rutas más transitadas por los migrantes en el mundo. Después de subir montañas y cruzar ríos en su intento por llegar a Estados Unidos, su grupo fue cercado por media decena de hombres con pasamontañas, sosteniendo armas largas y lanzando amenazas.

“¡Se desnudan las mujeres!”, gritaron los asaltantes, contó la madre, antes de que examinaran las partes íntimas de cada una de ellas buscando dinero.

Los hijos, hermanos y esposos fueron obligados a observar. Luego, los hombres giraron hacia la niña, dijo la madre, ordenándole que se desvistiera para revisarla también.

Los asaltos, robos y violaciones han sido durante mucho tiempo un riesgo sombrío en los viajes de los emigrantes alrededor del mundo. Pero grupos de ayuda que trabajan en el tapón del Darién dicen que en los últimos seis meses han registrado un aumento extraordinario en ataques, con patrones y frecuencias raramente vistas fuera de zonas de guerra.

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